¿Por qué estoy siempre cansado? Cuando descansar no parece suficiente

Es una de esas frases que escuchamos constantemente detrás del mostrador. A veces viene seguida de un: necesito unas vitaminas. O de un: será la edad. Porque a partir de cierta edad, parece que la edad sirve de explicación para casi todo.

La realidad es que el cansancio no es un diagnóstico, es una señal.

Puede que necesites corregir algún déficit. Puede que necesites dormir mejor. O comer de otra manera. Quizá estés intentando hacer demasiado con un cuerpo al que apenas le das tiempo para recuperarse. Y, en ocasiones, ese cansancio puede ser el síntoma de algo que conviene estudiar.

En Farmacia La Pomar preferimos empezar por ahí: intentar entender qué está pasando antes de decidir qué necesitas tomar.

Cansancio, sueño y falta de energía no son lo mismo

Aunque utilizamos todas estas palabras casi como sinónimos, no siempre describen lo mismo.

Una cosa es tener sueño y notar que podrías quedarte dormido en cuanto te sientas cinco minutos. Otra es sentir debilidad muscular. Y otra, bastante diferente, es esa sensación de agotamiento físico o mental que hace que cualquier tarea parezca costar el doble.

También existe el cansancio normal. Si llevas una semana durmiendo cinco horas, trabajando doce, comiendo a salto de mata y sobreviviendo a base de café, la explicación es obvia.

El problema aparece cuando el cansancio se mantiene, no mejora como esperarías después de descansar o empieza a interferir con tu vida cotidiana.

Ahí es donde toca investigar un poco más.

Pero si duermo ocho horas…

Esta frase también la escuchamos mucho.

Y tiene un matiz importante: dormir ocho horas no es lo mismo que descansar bien.

Puedes pasar ocho horas en la cama y tener un sueño fragmentado, despertarte varias veces, roncar intensamente o sufrir apnea del sueño sin saberlo. También puedes acostarte cada día a una hora diferente, utilizar pantallas hasta el último minuto o tomar alcohol pensando que te ayuda a dormir (puede facilitar que te duermas, pero empeora la calidad del sueño después).

Si te levantas cansado casi todos los días, mira cómo duermes, no solo cuánto.

Los ronquidos importantes, las pausas respiratorias observadas por otra persona, despertarse con dolor de cabeza, una somnolencia excesiva durante el día o quedarse dormido con facilidad en situaciones inadecuadas son pistas que conviene consultar.

A veces el problema está en cómo estás comiendo

Nuestro organismo necesita energía, pero también necesita los nutrientes adecuados para obtenerla y utilizarla.

Las dietas excesivamente restrictivas, comer sistemáticamente menos de lo necesario, una ingesta insuficiente de proteínas o una alimentación poco variada pueden acabar pasando factura.

Y luego está el famoso bajón después de comer.

Si tu desayuno es básicamente café y azúcar, llegas a mediodía muerto de hambre, comes una gran cantidad de alimentos muy refinados y a las cuatro de la tarde necesitas otro café y algo dulce para poder funcionar, quizá no te falte energía en el sentido literal. Puede que la forma en la que estás distribuyendo y eligiendo tus alimentos esté favoreciendo esas oscilaciones en hambre, somnolencia y percepción de energía.

Una alimentación con suficiente proteína, verduras y frutas, legumbres, cereales integrales cuando correspondan, grasas de buena calidad y una hidratación adecuada es menos espectacular que el último superalimento de moda. También suele ser bastante más útil.

Hierro, vitamina B12 y otros nutrientes: sí, pero con criterio

Cuando alguien está cansado es fácil pensar inmediatamente en vitaminas y minerales. Algunos déficits pueden producir cansancio, por supuesto, pero eso no significa que cualquier persona cansada necesite un multivitamínico.

El hierro es un buen ejemplo.

El déficit de hierro puede provocar fatiga y menor tolerancia al esfuerzo, y puede existir antes de que aparezca una anemia claramente establecida. Por eso, en determinados casos, conocer las reservas de hierro puede aportar información que no obtenemos mirando únicamente la hemoglobina.

Es clave vigilarlo en personas con menstruaciones abundantes, dietas con un aporte insuficiente de hierro, determinadas enfermedades digestivas o situaciones en las que exista riesgo de pérdidas o mala absorción.

Con la vitamina B12 ocurre algo parecido. Su déficit puede asociarse a cansancio y también a síntomas neurológicos, y el riesgo aumenta en determinadas dietas, patologías y con algunos medicamentos.

Pero de aquí no debemos sacar la conclusión de que si estoy cansado, tomo hierro o B12.

Justamente al revés. Si sospechamos un déficit, merece la pena averiguar si es así. Y, si lo hay, intentar entender por qué. Tomar hierro porque sí no es una estrategia inteligente de salud.

Tu tiroides también puede estar detrás del cansancio

El hipotiroidismo puede manifestarse con cansancio, somnolencia, intolerancia al frío, estreñimiento, piel seca, dificultad para concentrarse o cambios de peso, entre otros síntomas.

¿Significa eso que todo el que esté cansado necesita hacerse un estudio tiroideo? No. Significa que cuando el cansancio persiste y existen síntomas, antecedentes o factores que lo justifican, la función tiroidea es una de las posibilidades que el profesional sanitario puede valorar.

Y esta distinción es importante. Hacer una lista interminable de pruebas por si acaso no equivale a estudiar mejor un problema. Una buena valoración sirve precisamente para decidir qué merece la pena investigar.

Medicamentos que restan energía (y olvidamos)

Este punto se nos pasa por alto con demasiada frecuencia. Muchos fármacos comunes pueden provocar fatiga, debilidad o sueño:

  • Antihistamínicos (para la alergia).
  • Ansiolíticos y sedantes.
  • Determinados antidepresivos.
  • Algunos fármacos para la tensión arterial.

Si tu cansancio empezó o empeoró al cambiar una dosis o iniciar un tratamiento, coméntalo con nosotros o con tu médico.

Moverte poco puede hacer que te sientas más cansado

Parece contradictorio: Estoy agotado, y ¿encima tengo que hacer ejercicio?. Pues en muchos casos funciona.

El sedentarismo favorece la pérdida de capacidad cardiovascular y de masa y función muscular. Y cuando tenemos menos capacidad física, las actividades cotidianas exigen proporcionalmente más esfuerzo.

Se crea entonces un círculo vicioso: estoy cansado, así que me muevo menos; como me muevo menos, cada vez tolero peor el esfuerzo; como todo me cuesta más, me siento todavía más cansado.

No hace falta convertirse de repente en atleta. Caminar, levantarse con frecuencia si pasamos muchas horas sentados y añadir progresivamente trabajo de fuerza puede ser un buen comienzo.

Importante: si después de esfuerzos pequeños sufres un empeoramiento intenso y prolongado de tus síntomas, no deberías intentar vencerlo haciendo cada vez más ejercicio. Existen cuadros, como la encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica, en los que puede aparecer malestar post-esfuerzo y el abordaje es totalmente distinto.

Estrés: estar agotado sin haber corrido una maratón

Podemos acabar exhaustos sentados delante de un ordenador.

Soportar durante semanas o meses una elevada carga mental, dormir pensando en lo que queda pendiente, vivir permanentemente pendiente del teléfono, encadenar responsabilidades y no disponer de verdaderos periodos de recuperación tiene consecuencias.

El estrés crónico altera el sueño, cambia el apetito y eleva la fatiga. La salud mental y la física no viven en edificios separados.

¿Y si los análisis están bien?

Esta pregunta merece un apartado propio porque genera mucha frustración.

Una analítica normal es una buena noticia, pero no convierte automáticamente tu cansancio en imaginario.

Puede que haya que revisar la calidad del sueño, la actividad física, la alimentación, el estrés, la medicación, una infección reciente o alguna otra causa según tus síntomas y antecedentes. En algunas personas concurren varios factores pequeños que, sumados, pesan bastante.

Y otras necesitarán continuar el estudio con su médico.

Lo importante es evitar los dos extremos: pensar que todo cansancio esconde una enfermedad o asumir que sentirse agotado continuamente es normal porque todos vamos cansados.

¿Cuándo deberías consultar?

Si llevas unos días especialmente intensos y sabes perfectamente por qué estás cansado, probablemente tu cuerpo esté haciendo algo bastante sensato: pedirte recuperación.

Pero conviene consultar cuando el cansancio persiste sin una explicación clara, empeora, no mejora pese a descansar o limita actividades que antes realizabas con normalidad.

Si el cansancio se ha convertido en tu sombra, no te resignes ni te automediques. En Farmacia La Pomar estamos al otro lado del mostrador para escucharte, ayudarte a analizar tus hábitos y guiarte sobre si es momento de acudir al médico o de ajustar tu día a día.